Entre la pandemia y la guerra europea

Tanto la pandemia como la guerra son situaciones adversas que nos conducen naturalmente a sentimientos de indefensión, miedo, ansiedad, incertidumbre, tristeza, angustia, entre otras emociones negativas.

Convengamos que ninguna de las dos, son nuevas si pensamos en la historia internacional, ya que siempre han existido pandemias o pestes mortales y por supuesto guerras mundiales con todo lo que ello implica.


Se preguntarán cuán difícil es ser optimista hoy en este contexto global.

Fundamentalmente para los adolescentes y jóvenes que tienen toda una vida por delante, con proyectos, ideas, emprendimientos y ganas de divertirse, salir, viajar, experimentar, aprender y ser felices…

En este sentido, y desde nuestro lugar como profesionales de Salud Mental, debemos trabajar en la psicoeducación y prevención del desequilibrio emocional.



Me gusta mucho trabajar en mi consulta clínica el concepto de resiliencia, esa capacidad que todos tenemos de resurgir, de salir adelante en los momentos más difíciles y duros, en aquellas situaciones donde creemos que lo que estamos viviendo supera nuestros recursos y mecanismos para afrontar la vida

Y es ahí donde solos o con ayuda profesional logramos ver que siempre se puede, que somos más fuertes y valientes de lo que pensábamos.

Si hablamos de la pandemia, en la mayoría de los países el porcentaje de positividad está disminuyendo notoriamente y parece estar “bajo cierto control”, quizás podemos pensar que lo peor ya pasó, la cuarentena, el aislamiento social, los fallecimientos de seres queridos, el sufrimiento por toda esta situación tan adversa para el ser humano. Algo que irrumpió en nuestras vidas y generó cambios drásticos.


¿Qué nos dejó la pandemia?

Seguramente ya se hayan hecho esta pregunta, y las respuestas pueden llegar a ser variadas, pero creo que el denominador común, es el aprendizaje en relación a:

  • cómo nos vinculamos con nuestros amigos, familia, pareja;

  • al tiempo que le dedicamos al trabajo;

  • a nuestra calidad de vida;

  • a cuestionarnos si la vida que estamos viviendo es la que realmente queremos;

  • a visualizar nuestras prioridades;

  • a replantearnos nuestro estilo de vida en general , consumo, tiempo de ocio y disfrute;

  • objetivos y metas;

  • grado de espiritualidad.

Quizás si lo analizamos existe un antes y un después en nuestra vidas a partir de esta situación de emergencia sanitaria que nos ha tocado transitar, a lo que se suma la guerra en Europa, cual frágil es el ser humano como especie, cuan vulnerables somos y cuanto hay que disfrutar de la vida, tal y como se presenta, con sus altibajos, subimos y de repente estamos abajo.

Siempre hay un aprendizaje detrás de estos momentos límite.


¿Ya identificaste cuál fue tu aprendizaje a nivel personal?

Con cariño,

Sabina










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